El precio de mirar a otro lado: corrupción y responsabilidad ciudadana

El texto analiza la corrupción en el Perú, destacando los altos niveles de tolerancia ciudadana frente a este flagelo. Además, interpreta este fenómeno desde el existencialismo de Sartre, mostrando cómo la pasividad y la “mala fe” refuerzan la crisis colectiva.

ARTÍCULO DE OPINIÓN

Jeyson Guevara

3/12/20262 min read

Corrupción y responsabilidad ciudadana

En los últimos años, Perú enfrenta una crisis de confianza y gobernabilidad sin precedentes, en gran parte debido a la corrupción sistémica que ha permeado las más altas esferas del poder. Este flagelo, que se manifiesta en una multiplicidad de casos que involucran a expresidentes, altos funcionarios y líderes regionales, no solo socava los cimientos de la democracia, sino que también desvía recursos cruciales para el desarrollo social y económico del país.

Según encuestas nacionales, ocupa el segundo lugar entre las preocupaciones ciudadanas con un 46%, solo por detrás de la delincuencia (62%), y es percibida como el mayor mal dentro del Estado, especialmente en instituciones como el Poder Judicial (47%), el Congreso (44%) y la Policía Nacional (42%). Esta situación ha generado una profunda desconfianza hacia las instituciones encargadas de combatirla y un sentimiento de impunidad frente a los actos ilícitos cometidos por autoridades y funcionarios.

Más grave aún es la actitud de la ciudadanía frente a este flagelo. De acuerdo con la novena encuesta de Proética elaborada por Ipsos Perú, el 72% de la población presenta una tolerancia media hacia la corrupción y un 6% una tolerancia alta, lo que significa que el 78% de los peruanos convive con ella con cierto grado de aceptación. Esta permisividad no necesariamente expresa aprobación, pero sí refleja resignación, pragmatismo e incluso complicidad, al elegir autoridades cuestionadas o no denunciar actos irregulares.

Desde una perspectiva filosófica, esta realidad puede interpretarse a la luz del existencialismo de Jean-Paul Sartre. El pensador francés sostuvo que “el hombre está condenado a ser libre” (Sartre, 1946, p. 29), lo que implica que cada persona, incluso al no actuar, ejerce una elección que la compromete con la humanidad entera. La tolerancia ciudadana frente a la corrupción constituye una forma de mala fe, entendida como la evasión de la responsabilidad propia mediante justificaciones como “todos son corruptos” o “no se puede hacer nada”. Así, cada acto de pasividad contribuye a consolidar un sistema social que perpetúa la corrupción.

De este modo, el problema de la corrupción en el Perú no solo debe analizarse en su dimensión institucional, sino también desde una perspectiva existencial y ética. Como afirma Sartre, “al elegirme, elijo al hombre” (Sartre, 1946, p. 32), de modo que cada decisión individual frente a la corrupción es también una elección de sociedad y de futuro colectivo. En otras palabras, la corrupción no persiste solo por quienes la cometen, sino también por quienes deciden tolerarla.

Referencias:

El Comercio. (2023, 4 de diciembre). El 78% de los peruanos son tolerantes con la corrupción, según encuesta de Ipsos para Proética. El Comercio. https://elcomercio.pe

Ipsos Perú & Proética. (2023). IX Encuesta nacional sobre percepciones de la corrupción en el Perú. Lima: Ipsos Perú / Proética.

Sartre, J.-P. (1946). El existencialismo es un humanismo (Trad. V. Prampolini). Losada.